El hombre de la mano de goma: Kingpin (1996)

Cuando uno quiere adentrarse en la comedia más gamberra, tarde o temprano se acaba topando con una película de los hermanos Farrelly. Aunque no se les puede catalogar como los creadores de la comedia de chistes fáciles y frecuentemente rayando en la vulgaridad, sí que podría decirse que han sido dos de los directores que más partido le han sacado a esta temática. Y es que hoy en día, las comedias de los Farrelly son consideradas prácticamente un género en sí mismas. De entre todas ellas, hoy quería repasar la que para mí es una de las más divertidas y logradas desde el punto de vista cinematográfico, dentro de la locura que suelen ser este tipo de títulos, normalmente en el mismo estante que sagas como American Pie o Austin Powers.

El lado oscuro de la bolera.

Roy Munson (Woody Harrelson) es un joven y talentoso jugador de bolos que, tras proclamarse campeón del estado de Iowa en 1979, decide lanzarse de lleno al circuito profesional. Después de anotarse su primer torneo contra el experimentado Ernie McCracken (Bill Murray), Roy comienza a sufrir las dificultades económicas que conlleva abrirse paso en el circuito, por lo que decide aceptar una dudosa oferta del propio McCracken para aprovecharse de su talento en partidas clandestinas. Tras un incidente en una de estas partidas, Roy pierde su mano hábil para el deporte, truncando su prometedora carrera como jugador de bolos profesional.

En qué hora te hice caso…

Años después, Roy malvive en un sucio apartamento que ni siquiera alcanza a pagar, y con un más que preocupante alcoholismo. Los días de Roy transcurren intentando sacarse un dinerillo como vendedor ambulante en las boleras de la zona. Un buen día, Roy descubre a Ishmael (Randy Quaid), un inocente amish al que le encanta jugar a los bolos a escondidas, y cuya comunidad está al borde de la bancarrota. Aunque parece necesitar pulir su técnica para competir con los mejores, Roy convence a Ishmael para prepararse para el gran torneo de Reno, y así intentar conseguir el preciado premio de un millón de dólares que acabe con las penurias económicas de ambos.

Mundos opuestos.

La relación entre Roy e Ishmael representa inequívocamente el choque cultural/religioso que tanto juego da en este tipo de películas. Y es que el mayor número de chistes por minuto se da probablemente con Roy infiltrándose en la comunidad amish de Ishmael para convencerle de que acuda con él al torneo. Las costumbres de este tipo de clanes se prestarán a todo tipo de situaciones cómicas protagonizadas por un Roy que hará lo imposible por integrarse y hacerse pasar por uno más, mientras trata de reclutar a Ishmael para su causa. Se trata probablemente de la primera vez en mucho tiempo que Roy pone algo de esfuerzo en algo.

Una proposición indecente

De manera similar, una vez que ambos se encuentran en la carrerera de camino a Reno, Roy se convierte en el mentor de Ishmael, ayudándole a desenvolverse en la sociedad moderna lejos del autarquismo amish. La total inocencia de Ishmael provocará también algunas de las situaciones más hilarantes, junto a un sorprendido Roy que ve que tiene que enseñar a su pupilo hasta cómo usar un baño público. La apertura al mundo real y sus muchos vicios por parte de Ishmael, representa el crecimiento personal experimentado por una persona algo torpe y temerosa, que por una vez quiere ser el héroe de una comunidad en la que pasa totalmente desapercibido.

El villano.

Y si de personajes malvados queremos hablar, Kingpin tiene en Ernie McCracken a uno de los más icónicos que se han visto en el género de la comedia gamberra. El gran Bill Murray se desenvuelve como nadie interpretando un personaje que tiene todos los ingredientes para ser odiado, pero que es parte fundamental del motor cómico de la película. Aparte de ser un narcisista, manipulador, vulgar y mujeriego, Ernie resulta ser un exitoso profesional de los bolos que ve como la incursión de Roy en el circuito puede acabar con su hegemonía. Es por ello por lo que, ya desde el principio, se convierte en la Némesis de un Roy que apenas alcanza a desplegar su talento como profesional por su culpa.

McCracken en acción

Sin duda que el Munson vs. McCracken es uno de los puntos álgidos de la película, donde la competición bolística de élite confluye con el desternillante duelo cómico entre Woody Harrelson y Bill Murray. Este cara a cara supone un emocionante clímax con objetivos muy diferentes para nuestros protagonistas: redención por parte de Roy, y mayor fama y gloria que aumenten su desbocados ego por parte de Ernie. Como suele ocurrir, a pesar de tener un papel más secundario, Bill Murray se convierte en pieza clave y auténtico detonante de la película, con uno de los personajes más estomagantes que se le recuerdan, pero a la vez más celebrados desde el punto de vista cómico.

Gamberrismo bien perpetrado.

Si bien los chistes y gags medio vulgares marca de la casa de los Farrelly son parte importante de la película, pienso que Kingpin es un título más completo que otras comedias del universo farrelliano. No solo incluye a tres cómicos brillantes en los papeles protagonistas, sino que creo que la trama mantiene conectado al espectador durante todo el metraje. Las distintas etapas por las que pasan Roy e Ishmael se encuentran perfectamente enlazadas para no dejar respiro entre carcajadas al espectador, que se mantendrá enganchado a la historia de redención de los protagonistas sin demasiada dificultad.

No me lo puedo creer

Aunque escasos, creo que los momentos dramáticos se encuentran adecuadamente seleccionados para introducir pequeños cambios emocionales en la sucesión de gamberrismo predominante en este tipo de películas. El retrato de antihéroe de Roy está cuidadosamente perfilado para mostrar a un hombre que lo ha perdido todo, pero que de repente encuentra la motivación necesaria para reconstruir su vida en torno a su gran vocación: los bolos. Destacable también la tercera socia del equipo, Claudia (Vanessa Angel), interpretando a una explosiva femme fatale que se encargará de agitar las vidas de nuestros protagonistas, haciendo el viaje a Reno más interesante aún si cabe.

Lo mismo que con otras películas de este estilo, que disfrutaba como adolescente, reconozco que he dejado de revisitar la mayor parte de las comedias de los Farrelly, con contadas excepciones como Kingpin, la cual sigo disfrutando de cuando en cuando. Aparte de todas las bondades ya comentadas, no quería dejar pasar la ocasión de resaltar también la gran selección de temas para la banda sonora, que incluye canciones de Cat Stevens, The Trammps, Gary Glitter, The Strangeloves, Goldfinger, Super Deluxe o Blues Traveler, entre otros. Hacedme caso, si no la habéis visto, dadle una oportunidad y no os quedéis hechos unos Munson.

Podéis verla en Amazon Prime Video

Deja una respuesta

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: