Viaje por carretera a través de Zombieland (2009)

Qué agradable sensación cuando uno acude al cine sin expectativa alguna y sale entusiasmado. Típica película que no conoces, ni parece que es tu estilo, pero a la que sin saber por qué, decides darle una oportunidad. Me ha ocurrido muchas veces y me encanta cuando la culpable es una película aparentemente inofensiva. En mi caso, Zombieland llegó como una total desconocida sin demasiadas pretensiones. Woody Harrelson encabezaba el reparto junto a algunos jóvenes prometedores que empezaban a despuntar. Tampoco era el mayor fan de los zombis. Pero a veces la fortuna sonríe a los valientes, así que decidí embarcarme en descubrir una de mis, hasta hoy, películas improbables favoritas.

Sobreviviendo a sus propias neurosis.

La historia está narrada en primera persona por un estudiante de vida social inexistente (Jesse Eisenberg), al que el apocalipsis zombi le pilla encerrado en casa jugando a los videojuegos. Después de llevarse una última decepción amorosa con su vecina, se ve obligado a echarse a la carretera en un intento desesperado por mantenerse a salvo. En este nuevo mundo dominado por hordas de zombis hambrientos, los escasos supervivientes se autoidentifican con el nombre de su ciudad de origen, para no establecer demasiados vínculos emocionales. Así pues, nuestro protagonista, Columbus, iniciará un peligroso viaje de vuelta a casa de sus padres, con la esperanza de reunirse nuevamente con ellos.

Colombus y la vecina del apartamento 406

Columbus es un neurótico de manual. Lleno de fobias y temores, desarrolla una serie de reglas, hasta para ir al baño, que le ayudan a sobrevivir en el día a día de Zombieland. Y por increíble que pueda parecer, este particular mantra personal, unido a la ayuda de alguna que otra arma que encuentra por el camino, permite que este conejillo asustadizo permanezca con vida en un mundo lleno de peligros. Antes del apocalipsis, Columbus pasaba tanto tiempo viviendo en soledad que, aunque ahora echa de menos a los humanos, no parece necesitarles para mantenerse a flote.

Columbus y sus reglas de supervivencia

Sin duda se trata de un papel que se ajusta de maravilla a un Jesse Eisenberg que parece nacido para este tipo de personajes antisociales, maniáticos y de carácter vulnerable. Una actuación muy auténtica por parte de un actor que ha reconocido en diversas ocasiones sufrir de trastorno obsesivo-compulsivo en la vida real. Probablemente uno de sus papeles más populares, junto a su casi oscarizado Mark Zuckerberg en The Social Network, la joya de David Fincher sobre el nacimiento de Facebook. Si necesitas un tiquismiquis con escasas habilidades sociales e incluso algo odioso, Jesse Eisenberg es tu actor.

Un gañán entrañable.

A pesar de que Columbus parece arreglárselas solo, un buen día su camino se cruza con el de Tallahassee (Woody Harrelson), un tipo duro y solitario al que los zombis despojaron de lo que más quería, su amado cachorrito. A pesar de que intuye que va a chocar bastante con el blandengue de Columbus, Tallahassee acepta continuar con él su viaje por carretera. La relación entre ambos tiene un punto paternal, ya que Tallahassee no da un duro por la supervivencia de un Columbus que no parece tener demasiadas aptitudes para la matanza de zombis.

Ha llegado el exterminador de zombis

Tallahassee es un tipo francamente peculiar. A camino entre Cocodrilo Dundee y Harry el Sucio, es una auténtica máquina de matar zombis y la persona que cualquiera quisiera tener a su lado en un mundo como Zombieland. Sin embargo, esto no influye para que, siempre que pueda, también demuestre tener un gran corazón. Todas sus habilidades de aniquilación de zombis están al servicio de la búsqueda de sus añorados Twinkies, unos sabrosos bollitos (en España, los Círculo Rojo de Bimbo) que se convierten en su principal motivación para seguir con vida en un mundo infestado de muertos vivientes.

Esto no son Twinkies

Es imposible entender Zombieland sin la presencia de Tallahassee. En este caso, Woody Harrelson, probablemente uno de los actores más polifacéticos, explota increíblemente su vis cómica y su buen hacer en papeles de justiciero armado. Si a eso se le une un trasfondo bonachón e incluso a veces algo infantil, como resultado se obtiene el personaje más carismático de toda la película. Las frases y diálogos de Tallahassee ponen la nota cómica la mayor parte del tiempo, y los fans las siguen recordando de memoria años después. Sus continuos encontronazos con Columbus son la salsa de la película, generando siempre divertidos conflictos.

Hemos sido engañados.

Columbus y Tallahassee parecían tenerlo todo bajo control en su día a día, matando zombis y buscando Twinkies, hasta que se encuentran con Wichita y su hermana Little Rock en un desolado supermercado. Wichita (Emma Stone) y Little Rock (Abigail Breslin) llevan a cabo entonces la primera de varias tomaduras de pelo sobre nuestros protagonistas, dejándoles sin coche ni armas, y con cara de idiotas. Este robo a traición, utilizando su innegable astucia, es un ejemplo de la dinámica chicas listas, chicos tontos y la relación amor-odio entre los cuatro protagonistas durante toda la película.

Ya nos la han liado

Si Tallahassee es el arquetipo del uso de la fuerza bruta, Wichita y Little Rock representan como nadie la superviviencia basada en la picaresca y la ingeniería social. Se trata de dos hermanas que llevan toda la vida engañando a pardillos en su propio beneficio, y que no dejarán que nada las separe. El objetivo de su viaje por carretera no es otro que dirigirse a Pacific Playland, un parque de atracciones ubicado en la ciudad de Los Angeles que piensan que podría estar libre de zombis. Este parque de atracciones acabará convirtiéndose en el punto neurálgico de la película, siendo el escenario de la catarsis final de los cuatro protagonistas.

Vinos y confidencias

El acuerdo de sociedad única entre ambas hermanas se verá en peligro cuando Columbus y Tallahassee se crucen en su camino, debido a la atracción que Wichita, de carácter fuerte y confiado, empieza a sentir por el temeroso Columbus. En algunos momentos, puede percibirse también ese carácter paternalista tan característico de Tallahassee con Little Rock, la benjamina del grupo, a la que transmite parte de su sabiduría como aniquilador de zombis.

El cameo del siglo.

Zombieland se trata de una película con poquísimos papeles de humanos en pantalla. Junto a nuestros cuatro protagonistas, pueden contarse tal vez tres o cuatro secundarios más, pero hay un pequeño papel adicional que los productores decidieron incluir que cambió el destino de la película y la historia de los cameos para siempre. Y es que cuando nuestro equipo de supervivientes se encuentra en Los Angeles, Tallahassee propone al grupo alojarse en la mansión de ni más ni menos que el mítico Bill Murray, aparente superviviente al apocalipsis zombie.

Soy un gran admirador tuyo

El actor, que se interpreta a sí mismo, terminó produciendo algunas de las secuencias más memorables de toda la película, así como poniendo el listón de futuros cameos en el infinito. Tallahassee, un auténtico fanático de Bill Murray (al igual que el propio Woody Harrelson en la vida real), no puede evitar rebosar de alegría ante un agradecido Bill, en lo que significó el encuentro entre las dos grandes potencias cómicas de las película. La broma que ambos quisieron gastar a Columbus produjo uno de los giros más graciosos e inesperados de la película, terminando de completar un cameo que ha quedado para la historia del cine.

Culturizando a la juventud acerca de Bill Murray

Personalmente, no puedo decir que me sorprenda la, aunque breve, tremenda intervención del gran Bill Murray. Un actor que parece no estar nunca interpretando nada más que su propio personaje en la vida real. Comentar que, para el cameo de estrella de cine, los productores manejaron una larga lista de opciones antes de acabar decantándose por Bill Murray. Patrick Swayze (por entonces ya gravemente enfermo), Sylvester Stallone, Matthew MacConaughey o Jean-Claude Van Damme, fueron algunos de los intérpretes considerados para un cameo que finalmente acabó facilitando con sus contactos el propio Woody Harrelson. Echando la vista atrás, puede ser que cualquiera de estos candidatos hubiera firmado una actuación igualmente épica. Y es que se trataba de un papel muy jugoso.

Una peculiar fórmula de éxito.

A pesar de que inicialmente parecía que Zombieland pasaría sin pena ni gloria como una película más, lo cierto es que acabó convirtiéndose en una pequeña joya de culto de las comedias de zombis, junto a clásicos del género como Shaun of the Dead. La película hace uso de todo un arsenal de recursos bastante simples, pero tremendamente eficaces, y que terminaron por completar una película que quedó en la memoria de los espectadores que decidieron apostar por ella.

Se trata de una película donde la profundidad de los personajes no es demasiado importante. No nos engañemos, al final estamos ante una road movie de cuatro personajes en un mundo post-apocalíptico. Hay una brevísima carga retrospectiva para poner en contexto a los personajes, pero eso es todo. Lo que le importa al director es mostrar el día a día de la huida hacia delante de los protagonistas, intercalando escenas cómicas y de acción con los zombis. Una de las grandes señas de identidad audiovisuales de la película son las logradas escenas a cámara superlenta (los créditos de inicio son impresionantes) y una banda sonora que hará las delicias de los amantes del rock, con grupos como Van Halen, Lou Reed o Metallica, entre otros.

Lo recordaba más divertido

Uno de los mayores ganchos de la película es lo divertida que resulta, a lo que contribuye notablemente el tándem Columbus-Tallahassee. La incursión de los rótulos con las reglas de Columbus dentro de las propias escenas, así como las ocurrentes frases de Tallahassee, constituyen los ingredientes fundamentales de la comedia presentada durante toda la película. Tampoco hay que dejar de lado la estética zombi y el maquillaje, ambos muy conseguidos, a cargo de Tony Gardner, una de las mentes creativas detrás del videoclip Thriller de Michael Jackson. Palabras mayores.

¿Quién dijo miedo?

Me encanta también lo poco pretencioso de la trama, y aún así, su tremenda efectividad. Y es que no hubo ningún interés en ahondar en centros secretos de experimentación, conspiraciones, guerras biológicas o cualquier otra historia que atisbase algún indicio de complicación en la trama. La búsqueda de los deliciosos Twinkies o la posibilidad de rememorar buenos tiempos en un parque de atracciones, son un claro ejemplo de las bajísimas expectativas de un grupo de personas que asumen que están completamente solas en el mundo y que, lo quieran o no, son lo más parecido a una familia que van a encontrarse. Como en Zombieland, el tiempo es oro, y pocas películas de menos de hora y media os dejarán mejor sabor de boca.

Consejo final

No se me ocurría una película mejor para rememorar en estos tiempos halloweenescos. Para aquellos que lleguen tarde a descubrir esta pequeña maravilla, comentar también que estrenaron una secuela recientemente en el 2019, Zombieland: Double Tap, del mismo director, Ruben Fleischer, y con el elenco original al completo, más algunas otras caras conocidas. Claramente, carece de ese encanto inesperado de la primera película pero, en mi opinión, es una digna continuación que, aunque llegó diez años después, incorpora algunos elementos interesantes y hará las delicias de los nostálgicos. Time to nut up or shut up!

Podéis verla en Netflix

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